Friday, October 22, 2004

Potasa, 100% Relaxer

Premiada como mejor instalación Feria de Arte Barceló 2004


Potasa es un documento social que profundiza en los esquemas psicológicos y los subterfugios del mundo “desrizado” en la República Dominicana. El título de la instalación surgió del nombre del compuesto químico básico utilizado para estirar las ondas del pelo.

Esta obra logró llevar al consciente, un ritual que ya se ha hecho parte de una antigua y arraigada tradición dominicana. El “malo”, El “kinki”, el “cacatica”, el “brillo verde”, son tan sólo unos de los tantos calificativos empleados por la población, para llamar al pelo crespo o ensortijado.

Una propuesta que surge del cuestionamiento de una identidad que ha sido renegada y que hace uso de juicios de valor para etiquetar las distintas texturas del cabello, con el único objetivo de sepultar los patrones fenotípicos propios de nuestras raices afroantillanas.

El “desrizado” en la República Dominicana no sólo es un proceso químico mediante el cual se estiran las ondas del pelo. El desrizado es una forma de pensar, un auténtico reflejo de lo que somos, de lo que no somos y de lo que nos gustaría ser. Un esquema de pensamiento configurado por una sociedad en la que muchas veces, de forma consciente e inconsciente, los valores dominantes son blancos y los valores excluidos son los propios de la raza negroide.

Con humor, de forma irónica, abstracta, explícita o implícita, los recursos utilizados en esta instalación, no son más que la viva representación de los distintos puntos de vista del subconsciente, inconsciente y consciente colectivo dominicano.

giselle fiallo• sahira fontana


Tuesday, August 12, 2003

¿QuE es un CrEativO?

Artículo para la Revista Pulso
(nunca publicado)

Por: Giselle Fiallo


¿Qué cosa es un creativo? ¿Qué hace un creativo? ¿Cómo hace para conseguir que le sigan pagando cuando no genera nuevas ideas, ni de las buenas, ni de las malas, ni de las feas.

Uno de mis creativos favoritos empieza su jornada laboral a las 5 de la mañana, limpia minuciosamente algunos que otros rincones de la agencia, en la cual yo también trabajo, y ya a las 9:05 de la mañana ha servido café a todo el personal. Lo curioso es que este creativo va a trabajar completamente uniformado y por 50 pesos lava mi carro con todo y aspiradora, cosa no muy común entre los que usualmente conocemos.

Pues bien, este amable caballero de 35 años nunca ha hecho un brain storm en toda su vida y si le preguntaran qué cosa es ser creativo , de seguro respondería que un creativo es el “matatanazo” que le pagan un billete para que invente unos cuantos dibujitos, que luego harán los diseñadores -a los que también le pagan un billete- y que esa cosa que sale de ese “ganárselo fácil”, luego se presenta a unos clientes que tienen mucho dinero , pero que quieren ganar aun más todavía, publicando las ideas de ese susodicho que no tiene ni la más remota idea de lo que es coger lucha.

La creatividad es el proceso de descubrimiento o producción de algo nuevo y no sólo una solución publicitaria. Es el resultado de una manera de pensar. Cuando decimos que se produce “algo nuevo”, este algo puede ser una idea o un conjunto de ellas, una estrategia de solución e incluso el descubrimiento de un problema justo alli en donde los demás no son capaces de mirar.

Existe una capacidad de generar ideas que está más desarrollada en algunas personas que en otras, pero esta capacidad no está relacionada con la inteligencia. Usar la creatividad es sólo un hábito mental particular, una forma de pensar y no un mero y exclusivo oficio publicitario.

Alguien llamado Gustavo Livón Grosman, escribió una vez la diferencia entre el pensador lateral y el vertical, es que en el vertical la lógica controla la mente, mientras que en el lateral la lógica se encuentra al servicio de la mente. Esto se explica porque, como sabemos, el cerebro consta de dos hemisferios, los diestros son regidos por el izquierdo y viceversa, es decir los controles se cruzan. Es de entender, entonces, que las grandes biasociaciones se deben al choque entre planos de distintos hemisferios y que los rasgos de genialidad se deben a un mayor dominio del otro hemisferio.

El pensamiento lateral no debe ser visto como una fórmula, tampoco como el oficio de aquellos que le pagan por hacer creatividad, sino simplemente como un modo distinto y más creativo de utilizar la mente. Es el proceso de generar percepciones y conceptos alternativos.

En fin, ya basta de super-egos y calificativos que no sirven más que para limitar nuestra capacidad de encontrar las buenas ideas, creativos son los directores de arte, los mensajeros, las doñitas que llevan el café, el taxista, el pulpero, el cliente, los ejecutivos de cuenta, las productoras y todo aquel que sea capaz de modificar la manera en cómo mira su alrededor. Por eso digo que Miguelito -ese del cual les comentaba en el segundo párrafo-, es uno de mis creativos favoritos, claro que para muchos…él es sólo el encargado de limpieza de la agencia.

Giselle Fiallo,
agosto del 2003

Sunday, September 10, 2000

Parafernalia "Mafaldiana"

Por: Giselle Fiallo Scanlon


Todavía recuerdo aquel libro gigantesco de color gris platino que guardaban mis padres junto a las múltiples revistas y colecciones de tiras cómicas en un olvidado tramo del armario de mi hermano. “Los diez años de mafalda”, decía la dichosa portada, y yo con mis diez escasos años para digerirla, y ahora que lo pienso me parece algo asi como una jugarreta del destino, una invitación perfectamente estudiada para una niña de diez años que creía encontrar tesoros escondidos en un armario repleto de pertenencias de mayores.

Asterix y Obelix, Mortadelo y Filemón, la colección completa de Parramón y junto a ellos, la terrible niña que odiaba la sopa con las mismas ganas de ser astronauta o de conocer a los Beatles en persona. Pero por aquel entonces todavía no me producía indigestión, mucho menos angustia; pensaba que debía reirme con las tiras sin consultar al diccionario de cabecera o preguntar a mis padres quién era “la OEA”.

Así fue como la devoré durante tiempo considerable, sin preocuparme por entender, después de todo ahi estaba la tira siguiente, que de seguro la entendería y hasta habría de regalarme una sonrisa.

Imaginar a mis padres leyendo a Mafalda era lo único que por momentos no encajaba; de seguro leían aquel libro cuando eran niños como yo. Eso pensaba, ahora no habría tiempo y mucho menos interés en su ajetreo de vida, Mafalda era nuestro libro heredado y por suerte, todavía nos restaban muchas páginas por leer.

Entonces Mafalda que quería parecerse cada vez más a mí y yo que no la dejaba, quizás porque yo no escuchaba la radio tanto como ella y mucho menos tenía una relación tan estrecha con el globo terraqueo de casa. Mafalda era irremediablemente diferente, pero aún asi, en el fondo, quería parecerme a ella. Me gustaba cuando se trepaba en el puff con un bombillo en la mano y decía que era la libertad, ¿pero qué tenía que ver la libertad con Nueva York? ¿Acaso era la misma a la que se refería mi Papá? Entonces la libertad era Nueva York y Papá nunca me lo dijo, la OEA era un juego de mesa y Vietnam era el lugar donde se luchaba por llegar a Nueva York y yo qué sé…había que preguntar, porque el Socialismo no podía ser el acto de socializar y el Tercer Mundo no podía existir porque sólo había uno y a ese le llamábamos Tierra, entonces Mafalda no era tan divertida porque perturbaba, me perturbaba a mí que no sabía qué cosa era la Unión Soviética, y si iban a seguir hablando de ella, debía saber por qué una unión que fuese “soviética”, tenía que ser tan importante para Mafalda.

Y Mafalda “la complicada” ya me estaba complicando la existencia, pero preguntar a mi madre era peor porque entonces sacaba el atlas y comenzaba una charla desde la invención del fuego hasta las consecuencias económicas de la Revolución Industrial. Pero ya nada podría ser peor, porque al fin descubrí que tanto papá como mamá, se parecían a Mafalda más que a mí y sería mejor escucharlos para poder entender tan siquiera un retazo de los discursos de mi tormentosa amiga.

En poco tiempo el juego de las preguntas se hizo delicioso, conocía cosas que mis amigos desconocían, llegué a jurar que en todo el colegio nadie tendría estas informaciones, desde mi curso hasta el de los grandes de cuarto de bachillerato, nadie-sabía-nada, de eso no cabía la menor duda, bueno, al menos que alguno de ellos hubiese tenido también el libro gris de los Diez años de Mafalda, aunque ciertamente era poco probable, el libro era viejo y había pertenecido a mis padres cuando eran niños, además, de seguro se habían cansado de no entender nada y jamás habían preguntado a sus padres.

Lo mejor era la reacción de los profesores, me gustaba que supieran que manejaba informaciones desconocidas por el resto de los niños, pero más me gustaba que no perdieran el tiempo como mis padres, para explicarles qué cosa era la perestroika o por qué Mafalda se entristecía tanto al hablar de Hiroshima.

Todo únicamente lo sabíamos mi hermano y yo, porque teníamos a Mafalda en casa y habíamos hecho todas y cada una de las preguntas necesarias.

Aunque no todo fue siempre perfecto, de buenas a primeras aparecía una tira en la que nuestra amiga decía que quería se psicoanalizada, entonces, gracias a la ausencia laboralmente justificada de mis padres, mi hermano de 11 años improvisaba una conferencia explicativa sobre la correcta pronunciación del término excluyendo la letra p. Su conocimiento “pronunciativo” era más que entendible, Albertico tenía un año más que yo, lo cual significaba un año más de experiencia en el quehacer del conocimiento global. El asunto se complicaba si acaso nuestra pequeña mencionaba a un tal Freud “conocedor de los sueños”, porque entonces debíamos buscar en la parte trasera del querido Larousse, para saber si la amiguita inventaba o era cierto que existía un señor que conocía el significado de todo lo que soñábamos.

Así fue como Mafalda fue complicando mi vida a la vez que la fue haciendo interesante, sólo había que preguntar qué diablos quería decir en cada caso y entonces todo se hacía exquisitamente lúcido. Claro, que mi manera de asimilar los discursos cambiaba a través de los años, cada vez con múltiples matices y posturas, tan distintas, que en ocasiones llegué a sostener riñas de todos los colores con Papá y Mamá. Pero esa es otra historia, después de todo el libro gris les pertenecía a ellos y no a mí…al menos no a mi generación.


Giselle Fiallo Scanlon,
Septiembre del 2000.